Cataluña se desliza sin prisa pero sin pausa, desde hace treinta años, por la senda de la limitación de los derechos cívicos y de las libertades elementales, como corresponde a un gobierno autonómico que ha estado y está en manos del nacionalismo
Pero la deriva totalitaria del gobierno socialnacionalista de Montilla está alcanzando cotas inimaginables, pues está siguiendo los pasos del caudillo golpista venezolano Chávez, que cercena la libertad de expresión a su gusto, por ejemplo cerrando policialmente la única TV que criticaba al gobierno. Montilla, al estilo del gorila rojo, ha decidido cerrar dos emisoras de la COPE, una de las pocas radios opositoras al gobierno de Zapatero y al de su vicario catalán, Montilla.
No se trata de opinar sobre si lo que se dice en la COPE gusta o no gusta al gobierno y a las 'juntas caciquiles', que no otra cosa son ahora los gobiernos autonómicos. Se trata de la libertad de expresión, uno de los pilares de la democracia. Y a los medios de comunicación de empresarios-felpudo del poder como los de Lara et al, sólo cabe recordarles lo que nos contaba Martin Niemöller y aquello de "Cuando los nazis se llevaron a los comunistas yo me callé, pues no era comunista. Cuando vinieron por los judíos yo no dije nada, pues no era judío. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas yo me callé, pues yo no era socialdemócrata. Cuando se llevaron a los católicos yo no protesté, pues yo no era católico. Cuando me llevaron a mí ya no había nadie que pudiera protestar".
Por eso cuando una revista del prestigio de "The Economist" refleja una pequeñísima parte de la falta de libertades reales en Cataluña, y define perfectamente al régimen como caciquil, comienzan a vociferar los caciquillos y subcaciquillos reclamando nada menos que una rectificación a "The Economist", demostrando con su desconocimiento del concepto de libertad de expresión que la publicación británica se ha quedado corta en sus críticas.
Y mientras tanto, la 'junta de caciques' catalana presidida por Montilla cercena también la libertad de manifestación, permitiendo el linchamiento de los miembros de 'Ciutadans' que participaban en una manifestación legal contra la ley educativa, porque los mozos de escuadra, presentes pero inmóviles, recibieron órdenes de la autoridad política. Otro comportamiento chavista del gobiernito catalán.
Montilla ha emprendido una vía hacia la 'dictadura fáctica' similar a la de su amigo el también socialnacionalista Chávez. ¡Qué pena de destino para esta región catalana, que durante todo el siglo XX fue la punta de lanza de los valores de la democracia y del progreso económico en España, y ahora sólo aspira a ser una república bananera sin libertades pero plena de corruptelas!
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