Europa cometió un trágico error cuando desató el drama sangriento de los Balcanes de los años noventa, error criminal que hay que tener la valentía de denunciar.
Pero los paladines históricos en Europa del nacionalismo -Alemania- y del catolicismo -el Vaticano- arrastraron al resto de países europeos a un reconocimiento del derecho unilateral de secesión a políticos arribistas e irracionalistas, que en base a las identidades étnicas y religiosas hicieron estallar los Balcanes, porque convirtieron a ciudadanos que convivían felizmente en seres odiantes, los eslovenos de los serbios, los croatas de los bosnios, los católicos de los ortodoxos, ambos de los musulmanes, y en definitiva todos de todos.
El maniqueísmo se impuso en Europa, y se presentó a los nacionalistas serbios como los únicos culpables, cuando los realmente responsables de la matanza interétnica e interreligiosa fueron los políticos europeos por permitir el triunfo del etnicismo, de la guerra de religiones, en definitiva, de 'todos los nacionalismos'. Yugoslavia implosionó gracias a la Europa decadente del pensamiento flácido, del relativismo, del multiculturalismo. Y así nacieron de las ex repúblicas federadas de Yugoslavia nuevos Estados como Eslovenia, Croacia, Macedonia, Bosnia y Serbia. Y luego se separó de ésta Montenegro, con el beneplácito de nuevo de Europa.
Pues bien, nuevamente los políticos europeos, de acuerdo esta vez con EE.UU., van a cometer un trágico error: admitir la separación unilateral e ilegal de una provincia de Serbia, Kosovo, con el falaz argumento medieval y neofeudalista, opuesto al concepto de ciudadanía y de derechos del Hombre nacidos con la Ilustración y la Modernidad en la propia Europa hace más de doscientos años, de que hay una mayoría étnica albanesa y de religión musulmana que reclama la secesión, para unirse probablemente a la vecina Albania en un futuro no lejano.
Naturalmente este criterio étnico-religioso contrario a la democracia liberal no sólo desatará una crisis entre Serbia y Kosovo, porque la primera no lo aceptará y además los serbo-ortodoxos de Kosovo reclamarán su derecho a separarse a su vez del Kososo albanés y musulmán, sino que supondrá un inmenso caudal de gasolina para propagar la guerra de etnias y religiones en los países vecinos, porque por la misma razón la minoría de Bosnia que se siente croata querrá separarse de este Estado, así como la serbia, y estallará Bosnia. Y luego la minoría de identidad serbia de Croacia. Y la albanesa de Macedonia... La historia interminable. Construir en el Siglo XXI Estados sobre las identidades nacionales es, además de una aberración democrática, una empresa imposible, porque la secesión nunca tendrá fin.
Y no nos engañemos, este viento balcánico de odio nacionalista se está propagando por la Europa occidental desde la primera guerra de los Balcanes, pero con la secesión de Kosovo tomará nuevo impulso. Algunos, desde la páginas de Le Figaro, ya lo anuncian. Los nacionalistas flamencos de Bélgica están esperando la llegada del combustible para incendiar este país y hacerlo estallar, y por supuesto los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos. La trágica opción de Europa a favor de la secesión de Kosovo tendrá efectos devastadores en nuestra España. Al tiempo.
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